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Geoparque del Maestrazgo

geopark maestrazgoEl Maestrazgo es un territorio fronterizo, asomado a la fachada mediterránea de la Cordillera Ibérica y al somontano de tránsito a la Depresión del Ebro. Desde las alturas de Gúdar hasta el límite con el Bajo Aragón, el río Guadalope es la arteria en torno a la cual se teje un paisaje de montañas, crestas y cañones teñidos con el color gris de la caliza.

Enmarcado en la provincia de Teruel, el Geoparque del Maestrazgo destaca por poseer un rico y variado patrimonio geológico y paleontológico, un registro muy completo de historia de la Tierra durante los últimos 200 millones de años. Constituye, en definitiva, un perfecto observatorio científico y didáctico para la comprensión de los procesos geológicos y para la reconstrucción de la evolución de la vida en nuestro planeta.

Una larga historia geológica

Durante buena parte de la era Secundaria o Mesozoica, entre 220 y 65 millones de años atrás, la zona del Maestrazgo estuvo cubierta por las aguas del mar de Tetis, antecesor del Mediterráneo. En el periodo Jurásico la plataforma marina era relativamente estable y uniforme, y en ella se sedimentó un importante paquete de estratos calcáreos que puede observarse, por ejemplo, en el eje del valle alto y medio del Guadalope. Más tarde, en el Cretácico (periodo al que pertenecen la mayor parte de las rocas aflorantes en el Geoparque), la inestabilidad interna de la corteza terrestre produjo fallas, movimientos verticales del terreno y, por dos veces, la retirada del mar. En su lugar quedaron paisajes de lagos, ríos y lagunas costeras; en sus orillas vivían poblaciones de dinosaurios, de los que han quedado valiosos restos en los yacimientos de Galve o Ladruñán, o crecían los frondosos bosques de coníferas que más tarde habrían de originar los yacimentos de lignito de Aliaga o Castellote. Durante los episodios marinos, el fondo de la plataforma y las extensas llanuras de marea estaban habitados por una variada fauna de moluscos, equinodermos y corales, en ocasiones formando pequeñas colonias arrecifales.

Estas repetidas entradas y salidas del mar serán el factor que determine la enorme variedad de rocas que presenta el Cretácico del Maestrazgo. En los episodios marinos se forman sobre todo calizas, mientras en los continentales se sedimentan areniscas y arcillas. El contraste de resistencia entre unas y otras ante la erosión posterior explica la variedad morfológica y el carácter agreste y afilado de muchos de sus relieves.

En el paso del Mesozoico al Terciario la región experimenta su emersión definitiva. Este cambio se relaciona con el comienzo de la Orogenia Alpina, el proceso de formación de las cordilleras que rodean el Mediterráneo como consecuencia del acercamiento y colisión de las placas tectónicas de África y Europa. Este enorme empuje horizontal hizo que las capas rocosas depositadas en la antigua cuenca marina del Maestrazgo fuesen plegadas y fracturadas, incorporándose al sector oriental de la Cordillera Ibérica. En la parte meridional del Geoparque (Cantavieja-La Iglesuela del Cid) la deformación tectónica es moderada; las capas se mantienen prácticamente horizontales en amplias extensiones y ello confiere al relieve un carácter tabular. Al norte, por el contrario, las estructuras son sumamente complejas, especialmente en el área de Aliaga-Villarluengo-Ejulve- Castellote-Molinos, atravesada por un denso haz de pliegues y fallas de dirección NE-SO.

El plegamiento y levantamiento de la región durante todo el Terciario creó relieves sobre los que al mismo tiempo iba actuando la erosión. Los residuos de la misma fueron acumulándose en forma de gravas, arenas y limos, rellenando cubetas sedimentarias al pie de las montañas, como las de Aliaga, Bordón, Guadalopillo y Mas de las Matas. Hacia finales del Terciario, con el plegamiento ya concluido, los relieves montañosos habían llegado a arrasarse casi por completo y habían dado paso a una superficie de erosión aplanada. La cumbre llana de la Muela Monchén o los altos páramos que se extienden entre Las Cuevas de Cañart, Montoro y Molinos son restos conservados de aquella antigua superficie.

Hace unos 5 millones de años, a mediados del periodo Plioceno, se produjo un rejuvenecimiento intenso del relieve. La red fluvial se encajó y desencadenó una aceleración de los procesos erosivos que se habría de mantener ya durante todo el Cuaternario.

Relieve y paisaje

Como consecuencia de la incisión fluvial, el relieve de la comarca del Maestrazgo turolense es agreste, especialmente en el valle del Guadalope y su entorno inmediato. En todos los tramos en que atraviesa formaciones calcáreas duras, el río presenta una sucesión de congostos de gran belleza: Villarroya, Miravete, Valloré, Montoro de Mezquita, Órganos de Montoro-La Algecira, Abenfigo y norte de Mas de las Matas.

El relieve está condicionado por la disposición del roquedo, que presenta fuertes contrastes entre el norte de estratos plegados y el sur de estructura tabular. Las sierras septentrionales muestran el efecto de la erosión selectiva de la red fluvial sobre las complejas estructuras de plegamiento (Aliaga, Órganos de Montoro, Las Cuevas de Cañart). Las tierras altas del sur están dominadas por muelas y cumbres alomadas (Monchén, Tarayuela) entre las que se abren paso valles suaves y espaciosos, como el de la Dehesa de Fortanete.

geo maestrazgoEste relieve está colonizado por una interesante vegetación que se organiza altitudinalmente en comunidades determinadas por la temperatura. Las tierras bajas del norte, hasta una altitud de 900-1000 m, pertenecen al denominado piso bioclimático mesomediterráneo, cuyas especies dominantes son la carrasca (Quercus rotundifolia) y el pino carrasco (Pinus halepensis). El sector central (hasta 1500-1600 m de altitud) pertenece al piso supramediterráneo, donde la comunidad de mayor valor ecológico es el rebollar o quejigar (Quercus faginea), acompañada de la sabina albar (Juniperus thurifera) y el pino laricio o negral (Pinus nigra). Las partes altas (1500-1900 m) representan la vegetación del piso oromediterráneo, dominado por el pino silvestre (Pinus sylvestris) y la sabina rastrera (Juniperus sabina).

Finalmente, el paisaje es también en parte el resultado de la actividad humana. Las talas para obtener nuevos campos de cultivo, el pastoreo o la explotación forestal han transformado los paisajes vegetales. Las laderas han cambiado de forma, al ser abancaladas para su uso agrícola. Sin embargo, esta acción humana no ha desnaturalizado el paisaje; protegido por su aislamiento geográfico, el territorio conserva el encanto que le proporciona su exuberante biodiversidad y geodiversidad.

Para saber más visita http://www.geoparquemaestrazgo.com/